© 2019 FERNANDO ROSA / PHOTOGRAPHY

 

Santiago de Chile: ciudad de las metáforas,  rítmicas del sin sentido

El conjunto de fotografías exhibidas se pueden sintetizar reconociendo las bases de su proyecto visual. Es decir, una investigación panorámica que se centra en Santiago de Chile, no como centro del poder, sino como emplazamiento sobre el paisaje. Por esto,  la propuesta del fotógrafo Fernando Rosa, esconde una preocupación por el diseño simbólico urbano: ¿qué es una ciudad joven, una metrópolis?, ¿cómo se estructura su paisaje?, ¿Qué matrices simbólicas organizan sus polos vitales?

Las respuestas a estas preocupaciones, conforman unas tipologías fotográficas específicas. Los planteamientos visuales se sostienen en dos constataciones: la primera, una insistencia del orden y los ritmos que enmarcan la expansión horizontal y vertical por medio de carreteras, calles, edificios, transportes, etc.; la segunda,  la reiteración desde una  mirada panorámica que ruptura los estereotipos que se han tejido en la representación de la capital de Chile, descentrando sus lugares de prestigios.  En otras palabras, este riguroso ejercicio fotográfico documental, es parte de un scanning postmoderno, pues enfatiza sobre todo la superficie del paisaje intervenido como un continuum.  Es también, una metodología de observación, pero en particular de tensión, pues se van borrando las perspectivas ideológicas de la modernidad constreñidas en las relaciones entre centro/periferia; ahora se van organizando campos visuales  que se desplazan y sobreponen como sedimentación e hibridismos urbanos; donde los suburbios como el centro histórico asumen un igualitario rol protagónico.

Estás fotografías conservan la definición de Marc Riboud de constituirse en momentos preservados que testimonian la ciudad en transformación, claramente la geometría entrega una ordenadora matriz común, frente al caos de los puntos de fuga  presentes en una ciudad  viva y fuertemente contradictoria.

Paul Virilio plantea que la fotografía  aproxima por la imagen una nueva percepción del paisaje.  En efecto, si recordamos que el paisaje es una idea o punto de vista sobre la geografía, el paso desde el valle de Santiago hacia los constituyentes urbanos que hoy los conforman, es un acabado modelado final de múltiples fragmentos.  En resumen, una visión sinóptica que agrupa y una visión sintética que focaliza por lo rítmico. 

También, debemos tener presente que el corpus de fotografías que observamos,  presenta una incesante multiplicidad energética que abriéndose al mundo va organizando dispersamente unos nuevos “micropaisajes”. Así  en los barrios, en las esquinas, en las confluencias de la muchedumbre, por todos lados, se van expresando y construyendo identidades  dislocadas y propias, que además mezclan tanto signos de la cultura popular como de cultura estandarizada. En fin, los micropaisajes establecen una renovada y auténtica categoría urbana  que reformula las apropiaciones del paisaje.

Sin embargo, la casi  ausencia de personas, hacen de estos paisajes y espacios capturados una historia y  una memoria comprimida y deprimida.  A pesar que el paseante como la fotografía, en  Walter Benjamin, transforma lo cambiante de la ciudad en belleza, esto no ocurre en el trabajo de Fernando Rosa. Pues las imágenes de este autor,  aspiran metafóricamente a ser “escenografías del  vacío del progreso”, sino  símbolos de una lustrosa deshumanización.  En efecto, Santiago asoma como espacio yermo donde los seres humanos buscan ser parte compensatoria, una urbe como proscenio fantasmal que niega muchos sueños ciudadanos. 

En fin, las fotografías son panorámicas demoledoras de tanta pérdida maltratada del sentido: del espacio público, de la belleza.

 

Dr. Gonzalo Leiva Quijada

Académico/Investigador, Instituto de Estética, PUC de Chile